lunes, 16 de enero de 2012

A mi soldado

Escrito el 11/05/11

Mi soldado, mi General, mi compañero…


Un eterno luchador, un incansable guerrero durante toda su vida. Busca y encuentra las fuerzas y el optimismo donde, a veces, parece no haberlos.
Alegre, enamorado de la vida, de la naturaleza, del amor. Apasionado. Disciplinado. Defensor del bien y de lo correcto.

Su paraíso sería vivir en el monte, rodeado de la Madre Naturaleza, mientras disfruta, o bien de la bella armonía del silencio, interrumpido por el canto de algunos pájaros, o del agua de un río que corretea cerca, quizás de la lluvia o de una tormenta, del fuego de una hoguera susurrándole secretos, o bien de la hermosa música clásica, que le relaja, lo motiva, quizás le hace soñar… Amante de los animales, sobre todo de aquellos que se dice son los mejores amigos del hombre.

Mi soldado, mi General, mi amigo… Siempre me ha llevado de la mano por los duros caminos de la vida, enseñándome a remar de la manera adecuada, para que ni me quede estancada, ni me arrastre la corriente, invitándome a luchar, animándome a levantarme si es que me he caído, ha sido y sigue siendo mi entrenador personal, es la voz que me alienta, que me consuela pero me da fuerza, me ha enseñado a no conformarme y a exigirme el 120% de lo que puedo ser, o dar. Siempre ha estado ahí, nunca ha estado lejos, nunca me ha dejado sola.

Parece estar hecho de acero, un coloso intocable, pero sus ojos, su mirada, lo delatan. Si los escuchas te cuentan que es tan humano como el que más, que ha sufrido, que conoce muy bien el dolor, que ama tanto que le duele, que tiene un corazón que apenas le cabe en el pecho, que se desvive por los demás. Ay, esos ojos verdes, esa mirada cristalina, brillante… Puedo verla sin tener que cerrar los ojos, puedo sentir lo que siente sólo mirándole a los ojos… Quizás la mirada más expresiva que haya conocido en toda mi vida… Adoro esos ojos… Los ojos de mi soldado, de mi general, mi compañero… Los llevo siempre conmigo allá donde vaya.

Si fuese un animal, sería un majestuoso caballo, libre, fuerte, disfrutando al correr del viento en su rostro, incansable y también juguetón. O un águila real, bella, volando alto, muy alto, deleitándose con los maravillosos paisajes y las vistas desde allí arriba… Queriendo acercarse al sol…

Si fuera un elemento, indudablemente sería el fuego. De nuevo majestuoso, apasionado, brillante, fuerte, iluminando las pupilas de quien lo observa y le presta atención.

Si tuviera que ser un color, desde luego sería el verde, esperanzador, optimista, sabio, quizás con algún tinte de rojo por su fuerza, su pasión, su incansable lucha, sus ganas de vivir, pero gracias al verde consigue el equilibrio necesario para relajarse y estar tranquilo cuando es necesario.

En el medievo hubiera sido un paladín de voluntad de hierro, protector, defensor, guerrero noble y leal, elegante caballero fuerte y valeroso.

El mejor amigo que alguien pueda tener, el mejor compañero tanto de batalla como de ocio. Leal, sincero, empático, generoso, siempre antepondrá tu bienestar al suyo, sabe escuchar y sabe también dar los mejores consejos, las mejores guías.

Mi soldado, mi General, mi amigo… Ya se ha puesto el sol, y tras prepararse unas tostadas (en la brasa de la chimenea) con aceite, tomate y sal, y un poco de cecina para cenar, acompañado de la más excelente y exquisita música clásica, siente que es la hora de salir a dar un pequeño paseo para observar la magnificencia del firmamento… Allí se puede uno maravillar como nunca podrá hacerse en la ciudad… Hace frío, pero no le importa, va bien abrigado y se deleita observando las estrellas… Y junto con el silencio le invitan a sentir, a sentir con plenitud lo que es la vida… Le cuentan lo que es importante y lo que no lo es… Le hablan de belleza y de amor… Respirando aire puro, se siente pleno, disfruta de ese momento perfecto y anhela que dure un poco más…

Mañana tendrá que volver a la ciudad, con el ajetreo rutinario que esto conlleva… Pero no se marcha con las manos vacías, se lleva toda esa experiencia, ha recargado energía suficiente hasta que llegue la hora de volver, y sabe que volverá, y en cierto modo lo ansía, aunque vuelve bien dispuesto y de buena gana a cumplir con sus obligaciones como buen hombre responsable que es. Si alguna obligación no le gusta, se las apañará para hacer que le guste o que sea más llevadera.

Mi queridísimo soldado, mi General, mi compañero, mi amigo… Estoy orgullosísima de ti, siempre lo he estado… De hecho me gustaría parecerme más a ti… Te quiero con todo mi corazón… Sé que para ti no ha sido fácil, bueno, la verdad es que para mí tampoco… Pero por favor, créeme cuando te digo que tus esfuerzos no han sido en vano ni mucho menos… Que tu labor como entrenador personal no ha caído en saco roto como puede que te parezca… Créeme, tu voz y tu mirada siempre van conmigo, nunca me dejan sola… Y aunque me equivoque una y mil veces, nunca será porque tú lo hayas hecho mal, o no lo hayas sabido hacer… Nunca.

Sigue enamorado de la vida… Yo seguiré caminando cogida de tu mano.

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